Rumanía (IV). Transilvania: Sinaia, Bran, Rasnov, Brasov y Sighisoara.

Al día siguiente nuestro roadtrip nos conduce hasta la atractiva Sinaia. Nos introducimos en la auténtica Rumanía, la mas rural y que todavía denota una agricultura algo atrasada.

Las carreteras son de doble sentido, bacheadas y sin arcenes. Carromatos de madera tirados por caballos circulan de manera atrevida, pero segura, por la nacional. Obras, perros erráticos y lugareños en bicicleta acaban de componer la estampa campestre. Surgen imprevistos en cualquier punto del recorrido así que los trayectos siempre acaban prolongándose mas de lo esperado.

Sinaia, conocida como la «Perla de los Cárpatos», es un refugio idílico de montaña que sirve de base para la práctica de varios deportes de invierno. Resultaría inverosímil no quedarse asombrado por el paisaje de los imponentes montes Bucegi. Un vertiginoso teleférico conduce en un viaje no apto para temerosos de las alturas hasta la cota 2000.

Sinaia es, en sí mismo, una calle que serpentea y asciende por las lomas de un monte. En verano muda su manto blanco nevado del invierno y deja entrever sus joyas mas sofisticadas. Oleadas de turistas se dirigen hacia el Valle de Prahova, donde aguarda el Castillo de Peles

la segunda atracción mas visitada de Rumanía tras el Parlamento de Bucarest. Fue construido por el Rey Carol I entre 1873 y 1914 como vivienda de veraneo de la familia real rumana. Puede presumir de ser el primer castillo electrificado en su totalidad en Europa gracias a su propia estación eléctrica. De estilo renacentista aunque con una clara influencia alemana, tanto su exterior como su interior, con sus 160 habitaciones, sorprenden.

La entrada son 40 lei, mas un suplemento aparte si se desea hacer fotos de su interior. El último pase es a las 16.15.

En un cómodo paseo desde Peles, llegamos al Castillo de Pelisor, versión a escala menor de su hermano mayor, pero no por ello, menos atractivo.P1040917 Construido, asimismo, por el Rey Carol I entre 1899 y 1902 como regalo para Ferdinand, su sobrino y futuro heredero al trono. Cuenta con 99 habitaciones de estilo Art Nouveu decoradas a capricho por la Reina Marie, en la que la familia real debió de disfrutar de placenteros veranos.

Un camino lleno de tenderetes dibuja fácilmente el recorrido que desde Peles y Pelisor conduce hasta el Monasterio de Sinaia. El edificio que dio el nombre a la ciudad, fue construido en el siglo XVII a petición de Mikhail Cantacuzène, Reúne obras y frescos de gran valor. En el museo anexo al Monasterio se encuentra la primera Biblia traducida al rumano.

El Casino de Sinaia es otro de los edificios de gran valor arquitectónico que bien merece otra parada. Desde su construcción en 1912 ha desarrollado numerosas funciones y aunque ya no tenga capacidad para los juegos de azar y las apuestas, conserva su actividad como centro de conferencias internacional.

El día nos aguardaría una última sorpresa, el Castillo de Cantacuzino en el próximo Busteni.

El castillo es un remanso de paz entre montañas. La entrada al reciento es de 10 lei mas otros 20 lei por entrar al castillo. Los interiores no merecen mucho la pena, pero compensa con las vistas y el espectáculo que regala el atardecer.

Pasamos la noche en Bran, pequeño pueblo donde la mayoría de sus casas tradicionales sirven de hospedaje al visitante en un oasis de sosiego. Nos alojamos en Villa Siana, un alojamiento familiar en el que degustamos una auténtica cena tradicional rumana a base de carne de cerdo, salchichas y polenta con queso y crema agria.

Madrugamos para dirigirnos hacia el Castillo de Bran

y así evitar las masificaciones de las excursiones organizadas. Popularmente conocido como el Castillo de Drácula, el Castillo de Bran (entrada 40 lei) es una fortaleza medieval que inspiró al novelista Bram Stoker, interesado en la historia del castillo. Pero realmente, Vlad el Empalador, jamás vivió en este inverosímil enclave ubicado en lo mas alto de una roca.

Incesantes tiendecitas de recuerdos que han sabido aprovechar el filón que supone Drácula para los turistas, nos conducen hacia lo mas alto del mismo.

De estilo gótico, data de hace unos 600 años. En 1920, la reina Marie lo recibió como obsequio de Brasov por su contribución a la unión entre Transilvania y Rumanía. Ha sido construido y reconstruido en varias fases. Sobrevivió a tormentas e incluso un incendio, y todavía hoy se mantiene gracias a la leyenda entremezclada con la historia. Su interior, mas austero que el de los castillos vistos previamente, y sus torres están conectadas a través de pasillos desde donde obtener una evocadora instantánea.

Continuamos rumbo a Rasnov, un pueblo mayormente agrícola, donde se ubica la Fortaleza de Rasnov.

Unas grandes letras a lo Hollywoodiense en lo alto de la montaña nos indican que ya hemos llegado a nuestro destino.

Para subir a la ciudadela podemos hacerlo de varias maneras. Para los perezosos existe la opción del teleférico o la del divertido tren tirado por un tractor. Los mas enérgicos pueden subir en un caminata de unos 15 minutos.

Se cree que la fortaleza originaria fue construida por los Reyes Sajones y Teutónicos entre 1211 y 1225. Ya no queda mucho de lo que fue pero todavía se puede saborear algo de su momento mas próspero.

Aunque bastante descuidada, todavía consiguen mantenerse en pie varias de sus torres (la de los guardianes, la torre triangular, la torre gótica, la torre Pentagonal…) y la plaza del mercado resulta ser un buen sitio para transportarte a una época pasada.

Con ansia de conocer mas, nos encaminamos hacia Brasov, pequeña ciudad universitaria, a la que dedicamos la tarde.

Comenzamos viendo la plaza principal de Sfatului

con la Iglesia Negra, la mayor de estilo gótico de toda Europa sudoriental.

Descubrimos otros edificios religiosos desplegados por la localidad como la Iglesia romano católica de SF. Petru Si Pavel o la Sinagoga Beth Israel.

La ciudad dispone todavía de varias puertas de entrada a lo que fuera la antigua ciudad fortificada. Destaca la Puerta Ecaterinei

con una reciente restauración en el año 2007.
La calle Sforii, la mas estrecha de Brasov, es otro de los lugares mas visitados.
Finalizamos la jornada tomando el teleférico al monte Tampa, que en escasos 2 minutos nos regala una magnífica panorámica de la ciudad y los alrededores (10 lei subir o bajar y 18 lei ambos)

Nuestro tercer día en Transilvania se lo dedicamos a Sighisoara, denominada la «perla de Transilvania».

Esta ciudad medieval, una de las mejor preservadas de Europa, mantiene su centro histórico perfectamente conservado.

Calles empedradas, amables y fotogénicas casas pintadas en tonos alegres,… no es de extrañar que haya sido declarada como Patrimonio de la Unesco.

Varias Torres se extienden en el pueblo, destacando la Turnul Ceas o Torre del Reloj (Siglo XVIII-XIV) y museo (imprescindible su visita)

la Turnul Cositorarilor o Torre de los Hojalateros (siglo XIV) y la Turnul Cizmarilor o Torre de los zapateros (siglo XIV).

En la misma plaza de la Torre del Reloj se encuentra la Casa- restaurante Vlad Dracul, donde nació el padre de Vlad Tepes, convertido en restaurante de cocina tradicional rumana.

Las Escaleras Acoperita son unas escaleras llenas de historia por las que los escolares accedían a la escuela situada en lo alto de la montaña. Datan de 1642 y se hicieron cubiertas con la finalidad de proteger a los alumnos de las inclemencias meteorológicas. En lo alto la Biserica Din Deal o iglesia de la Colina, de estilo gótico (8 lei) domina el territorio.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. que bonito! parece un lugar sacado de un cuento

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