Rumanía(V): Bucovina

Con lo mejor de Transilvania retenido en la memoria, tomamos la carretera de nuevo hacia el norte de Rumanía. El trayecto era largo, y ya habíamos aprendido que el tiempo se prolongaba mucho mas de lo indicado por google maps, así que elegimos Târgu Mureș para pasar una noche. Esta ciudad, de notable influencia húngara no tenía gran atractivo turístico, pero el plácido paseo por el interior de la ciudadela medieval y la piscina del alojamiento ya suponían un plus a nuestra estancia.

Nuestro séptimo día nos traslada hacia la idílica región de Bucovina, al norte de Rumanía y haciendo frontera con Ucrania. Elegimos Sadova como centro neurálgico para conocer la zona, un completo paraíso de la naturaleza afamado por sus monasterios pintados, uno de los platos fuertes del turismo rumano. Nos habíamos trasladado a una Rumanía mas rural que ha sabido conservar sus tradiciones de antaño. Los Cárpatos han confinado la zona, dejándola aislada de la Rumanía mas moderna.

Visitamos Ciocănești, un pequeño pueblo al que Leontina, una ama de casa, consiguió poner en el mapa allá por los años 50. Deseosa de desarrollar su vena artística y con la ayuda de un pintor, engalonó la fachada de su casa con alegres motivos tradicionales. P1050222Poco a poco fue contagiando su pasión al resto de vecinos, convirtiéndose el poblado en un auténtico museo al aire libre.

 

Pusimos a prueba nuestras habilidades al volante, dirigiéndonos hacia los Monasterios ortodoxos de Moldovita y Sucevita (5 lei), iglesias de madera pintadas con frescos, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

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Monasterio de Moldovita
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Monasterio de Moldovita
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Monasterio de Moldovita

En el camino nos sorprenden vendedores de setas gigantescas de una pinta estupenda, carros tirados por caballos, vacas, perros e incluso zorros, lo que le confiere un aspecto totalmente campestre al lugar.

El día siguiente amaneció envuelto en una niebla matutina y acompañado de llovizna, lo que le daba un aire totalmente poético.

La región de Bucovina puede jactarse de tener su propia gastronomía, la cual seduce desde el primer plato. Desayunamos uno tradicional a base de huevos, queso y eneldo, del que solo conseguimos recordar su aroma y sabor, pero no su nombre. El repertorio del día se completaba con los populares rollitos de col rellenos de carne o la ciorbă o sopa, especialmente de la de albóndigas.

En nuestra segunda jornada en Bucovina visitamos los monasterios ortodoxos de Voronet, conocido como la Capilla Sixtina del Este, el de Humorului y Arbore (que lucían un color azul, rojo y verde, respectivamente, muy característicos) (5 lei). Su exterior están bastante bien mantenidos excepto las caras norte, que prácticamente están borradas por los efectos lesivos de la climatología, y cuya restauración resulta imposible.P1050335

Por dentro no pueden fotografiarse, excepto en el de Arbore, que sí nos lo permitieron por tratarse de un lugar menos turístico.

A diferencia de las anteriores, que fueron costeadas por príncipes, la de Arbore fue sufragada por un noble terrateniente eslavo. Pudimos pasear a solas por el interior de sus tres cámaras y la guardesa, en un perfecto español, nos relató muchos detalles de su historia.

Rematamos el día en Suceava, una ciudad grande y algo industrializada, y tras una breve visita a su Ciudadela, claramente castigada por el expolio, corroboramos que habíamos acertado al elegir Sadova como campamento base para conocer la zona de los monasterios, pues ya solo el entorno armonioso y el paisaje de montaña le conferían un carácter mucho mas especial.

Al día siguiente salimos temprano para cruzar de nuevo los Cárpatos en dirección Cluj Napoca. A unas 4 horas en coche de Suceava nos esperaba una experiencia única en las extravagantes Minas de Sal Turda (30 lei), unas minas antiguas de sal subterráneas transformadas en una especie de parque de atracciones. Abierta al público desde 1992, alberga a mas de 100 metros bajo tierra, desde un minigolf, un lago navegable hasta una noria (entre 10 y 15 lei cada atracción) en el que pasar un día diferente y muy divertido. Además varios de su túneles albergan exposiciones de maquinaria con la que se explotaba la mina antiguamente.

Decidimos continuar hasta Deva para conocer al día siguiente el castillo de Hunedoara.

En nuestro décimo día en el país nos esperaba la visita a otro pedazo de la historia de Transilvania, el Castillo medieval de Corvinilor en Hunedoara (30 lei), una fortaleza imponente que nos evoca a la época de los reyes y caballeros. No es difícil sentirse como una princesa en un cuento de hadas.P1050354

De estilo gótico, posteriormente se le han ido sumando elementos de estilo renacentista y barroco. A través de una pasarela de madera suspendida sobre un foso se accede a la entrada principal. Su interior es algo mas austero y su recorrido nos lleva por varias estancias y grandes salones. P1050358Además, la leyenda cuenta que en sus mazmorras estuvo preso durante 7 años el sanguinario Vlad Tepes, el Empalador.

De vuelta a Deva, nos dirigimos hacia su fortaleza, de acceso gratuito y símbolo indiscutible de la ciudad.P1050393 Goza de una ubicación privilegiada en lo alto de una colina que promete unas vistas magníficas de sus alrededores.P1050396 El acceso es a través de un paseo de unos 45 minutos a través de un sendero por el bosque o mediante un funicular. En su interior, sobrio y parco, apenas queda rastro de lo que fue en otra época.P1050405

De regreso, ya sólo queda pasear por su reducido casco histórico, sentarse en una de sus terrazas y disfrutar de una cerveza rumana, nuestra actividad favorita para poner broche al día.

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