Noruega (parte IV). Trollstigen, Geiranger y Ålesund.

Día 11. Hoy recorreremos la carretera de montaña de Trollstigen que conecta Åndalsnes con Valldal. Once curvas de 180º y cambios de altura de infarto la convierten en una de las vías mas espectaculares de Noruega.

Nos aguarda el fiordo de Geiranger, considerado el mas bonito del mundo. Sus cascadas salvajes y escarpadas montañas nos lo confirmarían mas adelante.

En su recorrido atravesamos el pueblo de Loen, cuyo teleférico te traslada en 5 minutos a la cúspide del monte Hoven, a más de 1000 metros de altitud, desde donde saborear una buena panorámica del fiordo y los lagos.

El pueblo de Geiranger es una carretera en sí que nos brinda una excitante experiencia al volante. Cada curva nos descubre una visión diferente de este maravilloso e idílico entorno natural. Decenas de cabañas se suspenden hacia el fiordo de Geiranger (declarado, junto con el de Naeroyfiord, patrimonio de la Unesco). El fiordo tiene una profundidad de 260 metros y está rodeado de montañas de hasta 1700 metros de altura que circundan la carretera. Tenemos la suerte de poder alojarnos en una de esas cabañas (Hole Hytter) y de esta manera estar más en sintonía con el entorno rural que nos da la bienvenida.

Geiranger dispone de una amplia red de rutas y senderos. Las principales parten desde nuestro alojamiento que se encuentra a 3 km del pueblo ascendiendo desde su reducido núcleo urbano.

La ansia de explorar nos puede, y antes de que caiga el sol, vagamos por uno de los senderos hasta que unas ̶s̶i̶m̶p̶á̶t̶i̶c̶a̶s̶ llamas nos hacen retroceder lo andado.

Día 12. Para nuestro próximo día en la el fiordo de Geiranger tenemos planificada la subida a la cascada Storsæterfossen, y aunque la popular ruta está catalogada como sencilla (color verde), exige cierta forma física por las decenas de losas de piedra desplegadas en sus dos primeros kilómetros. Eso sí, todo esfuerzo merece la pena una vez llegas a su cima y sientes la reconfortante caída de agua sobre tus hombros.Fue un acierto subir a última hora de la tarde. La vuelta se asimiló a una auténtica romería de peregrinos.Para los amantes de las curvas, qué mejor manera de terminar el día que ascendiendo en coche al mirador Ornesvingen. Once curvas de vértigo a través de la Eagle road nos muestran unas vistas de escándalo del pueblo de Geiranger y del fiordo al que da nombre.Día 13. Hoy exploramos el fiordo de Geiranger (protegido por la Unesco) desde el mar. El día está nublado, lo que nos hace plantearnos si merece la pena el crucero en barco.Finalmente decidimos contratarlo, y aunque las nubes amenazan prácticamente todo el trayecto, no por eso consiguen eclipsar el atractivo y la magia que desprende el fiordo.Una hora de viaje que nos regala bonitos saltos de agua hasta llegar a Hellesylt. Allí desembarcamos y continuamos por carretera hasta Ålesund, un auténtico museo callejero de arquitectura Art Nouveau.La ciudad consiguió resurgir de sus cenizas tras el incendio de 1904 y se esbozó como un auténtico icono de modernismo entre montañas y valles noruegos.Desde el centro parte una ruta hacia la popular montaña Aksla. Sus 418 escalones conducen a su cima, cuyo mirador Fjellstua asoma incontenible hacia la ciudad.Nuestro paso coincide con el Båt festival, un festival en honor al mar, al aire libre, en el que los animados oriundos se concentran en el muelle donde han desplegado puestecitos de comida callejera.Tomamos una cerveza al ritmo de música country en directo, y con buen sabor de boca, damos por finalizado nuestro paso por Ålesund.

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