Noruega (parte III): Eidfjord- cascada Vøringfossen- Ulvik- cascada de Tvindefossen- Undredal- Flåm- Sogndal- Glaciar de Nigardsbreen- Solvorn – Parque Nacional Jotunheimen(III)

Día 6. Nos encaminamos hacia Eidfjord, una pequeña localidad en la provincia de Hordaland. Coincidimos con el atraque de un ferry que escupió hordas de viajeros animados que se dirigieron apresuradamente hacia sus tiendas y cafeterías. El pueblo ha sabido adaptarse y varios cafés esperan con ansia la llegada diaria de los turistas. Aprovechamos para tomar un tentempié a base de café y un «Kanelsnurrer», una especie de bollo de canela «hecho un nudo», el postre nórdico por excelencia.

Antes de llegar a Ulvik, aguarda la cascada Vøringfossen, parada obligatoria antes de Ulvik. De 182 metros de altitud nos muestra la fuerza y la belleza de la naturaleza en todo su esplendor.

Recomendamos observarla desde un mirador situado enfrente de la misma, y no desde el que accede desde un lateral y donde paran gran cantidad de autobuses.Continuamos hasta el pueblo de Ulvik, en el fiordo de Hardanger, punto de partida de numerosas rutas de senderismo. Presume de una iglesia bastante cool y un paseo muy chulo que en un día tan soleado como el que tuvimos, pudimos aprovechar.

El agroturismo está muy de moda en Ulvik. Es escenario de una gran variedad de «granjas» familiares frutales que ofrecen visitas guiadas para conocer desde sus raíces la tradición de la fruta y de la sidra (única en Noruega) que todavía mantienen viva. Antes de llegar a Undredal, nos espera una nueva parada en la cascada de Tvindefossen, de más de 100 metros y moldeada con forma de escalones. La naturaleza puede sorprendernos cuando y como quiera.

Nuestro día termina en Undredal, un pueblo pequeño y tranquilo con mucho encanto. Nos damos un paseo por el muelle y degustamos unas cervezas Aegir, originarias de la cercana Flam junto con un exquisito queso de cabra marrón (Brunost). El colofón del día: lanzarse a los brazos de Morfeo en una cabaña bajo las estrellas, en mitad de absolutamente (casi) nada y con la única compañia de alguna cabra vecina.

Día 7. Nos espera un día ajetreado. Nos desplazams a Flåm desde donde zarpa el crucero que en 2 horas alcanza Gudvangen. Navega por dos de los fiordos más bonitos del país: Naerofjord (no es casualidad que haya sido declarado Patrimonio dela Humanidad de la Unesco) y Sognefjord (el fiordo más largo y profundo de Noruega).

Atraviesa montañas majestuosas y nos regala varias cascadas a lo largo del recorrido. En Gudvangen tomamos el shuttle bus de vuelta a Flåm, donde seguidamente nos embarcamos en el Flåmsbana, un viaje en tren que nos devuelve al pasado en sus 20 kilómetros de trayecto panorámico hasta la estación de alta montaña de Myrdal.

Realiza una corta parada en la cascada de Kjorfossen.

Desde Myrdal regresamos a Flåm en un vertiginoso recorrido en bicicleta, que aunque cómodo (discurre casi completamente cuesta abajo) en sus primeros kilómetros requiere bastante destreza con el vehículo en cuestión. Ya abajo nos las tenemos que ver con un rebaño de cabras amigables que interrumpe nuestro paseo.

Día 8. Subimos hasta el mirador de Stegastein a escasos kilómetros de Flåm.

Circulamos por una carretera de curvas estrechas y vertiginosas que puso a prueba nuestra capacidad conductora, y que tampoco consigue amedrentar a caravanas ni autobuses. Las vistas del impresionante paisaje de fiordos merece el esfuerzo.

Desde allí se puede continuar hasta Laerdal por la carretera de la nieve (unos 40km), incluida dentro de la ruta turística nacional de Aurlandsfjellet. Ante la posibilidad de que hubiera nieve (debido a su altitud puede permanecer todo el año), elegimos el trayecto que atraviesa el túnel de Laerdal, el más largo del mundo (24,5 km), que nos regala un espectáculo de luces cada 5km (¡parece como si estuvieras en el hielo!).

Continuamos hasta Sogndal (nuestra intención era quedamos en Solvorn pero no había alojamiento disponible). Sogndal en sí mismo ofrece muy poco pero se convierte en nuestra base de operaciones para los próximos días. Damos un paseo por el muelle y subimos hasta la iglesia de madera de Stedje (se cree que fue la tercera en construirse sobre el mismo lugar) desde donde obtener una buena perspectiva de la ciudad. Volvemos al muelle y contemplamos el atardecer con una cerveza de barril y una partida de scrable.

Día 9. Al día siguiente, desde Sogndal nos dirigimos hacia el Glaciar de Nigardsbreen dentro del Jostedalsbreen, el glaciar más largo de toda Noruega.

El de Nigardsbreen es uno de los brazos más accesibles del glaciar y nos lleva una hora en coche llegar desde Sognal.
Nos recibe el Breheimsenteret, el centro de interpretación del glaciar de Jostedalsbreen y el Parque Nacional de Breheimen. Dejamos el coche y caminamos entre bosque hasta el parking del glaciar. Desde allí otros 3 km. ¡Ojo!, puede accederse en vehículo hasta el otro parking aunque es de pago.
Y por fin, … se alza ante nosotras una masa gigante de hielo azul turquesa que baja de lo alto de la montaña y parece haber cobrado vida.

La sensación de estar tan cerca de algo tan mágico es indescriptible.

Es posible le el acceso al interior del glaciar pero exclusivamente contratando guía.

A pesar de no haber tenido alojamiento en Solvorn, nos acercamos hasta el mismo y descubrimos un pueblo tranquilo y encantador, donde niños y mayores parecen estar disfrutando de unas auténticas vacaciones de verano.

Como dato curioso, Solvorn alberga el Walaker Hotel, el hotel más antiguo de toda Noruega.

Desde el propio pueblo se toma el ferry que cruza a la iglesia de madera de Urnes, de 850 años de antigüedad, una visita totalmente recomendable.

Día 10. Llegamos a Turtagro hotel, legendario e histórico hotel abierto desde 1888. Se trata de un enclave de lujo en plena naturaleza, a 2068 metros de altitud, del que parten muchas rutas para los amantes de la montaña senderismo. Nos encontramos inmersos en el Parque Nacional Jotunheimen, con mas de 20 montañas majestuosas que superan los 2000 metros de altura.

Elegimos la Fannaraki y seguimos una de sus rutas indicadas (3,5 horas de subida y 2,5 de bajada). Al llegar a su punto más alto, Fannaraki-hytta (refugio de Fannaraki) decidimos volver por el lado opuesto al de subida, completando así una ruta circular.

Atravesamos valles, cascadas y lagos, algunos de ellos todavía helados. Una gruesa capa de nieve de más de un metro de alto se extiende como una gran alfombra a lo largo del camino. Desde su punto culminante se divisan decenas de picos. La ruta resulta más exigente de lo previsto y supuso un reto importante para mí. ¡ Mi primer dos mil! La bajada requirió pericia y en varios tramos nos tuvimos que agarrar a cuerdas estratégicamente dispuestas.