Costa Rica. Playas de Guanacaste.

Siguiente parada: playas de Guanacaste. Basta con tomar la decisión y emprender el viaje hacia este destino soñado. El fin justificaría los medios, pues aunque debimos agarrar la friolera (es un decir porque casi morimos en el autobús-sauna de Liberia a Brasilito) de tres autobuses la zona era tan idílica como imaginamos.

Después de una semana de idas y venidas, madrugones y kilómetros, era tiempo de recuperar y mimar cuerpo y mente. Destinamos tres noches en la zona del Golfo de Papagayo disfrutando del sol y sus playas. 

Nuestra zona cero la situamos en Brasilito, un pequeño pueblecito con sabor local situado a la sombra de sus hermanos mayores, Flamingo y Tamarindo.

Brasilito es destino vacacional para los costarricenses, con pocos turistas, playas no masificadas y salvajes, un par de sodas…y nuestro querido bar Cheche que establecimos como parada obligada de repostaje cervecil tras las duras jornadas de sol y playa y que nos recibía cada día a ritmo de bachata.

Si uno decide tomar el bus local a Brasilito, ha de saber que no existe forma directa de hacer el trayecto. De Monteverde a Lagarto (35 km) es 1 hora y 40 minutos, que se dice pronto. El trayecto discurre por montaña a través de pistas de tierra sinuosas. .¡en un autobus de libea urbana!. Lagarto no es un pueblo como tal, ni cuenta con estación, ni tan siquiera con parada de autobús. Simplemente es un cruce, pero eso lo supimos cuando nos dejaron ahi.

Hay que esperar en la interseccion a que pase cualquier autobús que vaya a Liberia (2 horas). Armarse de paciencia y… Suerte! Una vez en Liberia, el autobús a Brasilito no debería tardar mas de dos horas, lo que se nos alargó bastante mas por obras en la carretera .
Brasilito puede presumir de playa propia, y aunque de arena con cierto tinte grisáceo, es larga y tranquila, y puedes encontrar cobijo fácil bajo cualquiera de los árboles que la protegen (cuidado con los cocos). Paseando por ella llegamos hasta la isla de Lobos, una mini porción e tierra, increíble para el avistamiento de aves.

 La merecida fama se la lleva Playa Conchal, de arena blanca y sus consecuentes aguas casi cristalinas. Recibe su nombre de las miles de conchas que recubren su parte inicial. Lugar ideal para la práctica de snorkel, aunque no lo es tanto el que te alquilen gafas y tubo por el precio que vale comprarlos.

Playa Mina fue otro de los tesoros aislados de la zona, donde se llega por caminos de tierra sin señalizar. La mejor manera de ir es en 4×4, aunque caminando tambiés es posible,  y de esta manera se aprecian mejor los pequeños detalles que nos regala el camino.

Al atardecer (no es aconsejable merodear de noche, sobretodo mujeres) nos esperaban reconstituyentes en la Soda Brasilito: ceviche de gambas o costilla a la brasa con patacones nuestros preferidos.

Flamingo, a 6 km de Brasilito, también fue todo el regalo. Su playa, larga y de agua tranquila y cristalina, te anima a darte un reconfortante baño. Aunque Flamingo ha sido colonizado por americanos adinerados y mansiones de lujo, todavía (sobretodo en temporada baja) sigue siendo una parada obligada en el camino.

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