Islas Griegas. Ios – Milos

Nuestro próximo destino sería Milos, reconocida dentro de las Cícladas, por sus bonitas playas. La isla queda en la zona mas septentrional y aunque se alejaba algo de nuestro camino, creímos que merecería la pena.  Fuera de verano no hay ferry directo hacia Milos desde Mykonos, pero existe la posibilidad de hacerlo via Ios, por lo que decidimos pasar una noche allí. Es una pequeña isla que en verano rebosa de vida, y sobretodo de fiesta. Es una especie de Mykonos,  aunque en su versión mas  económica. Atraca el ferry avisando como de costumbre con ese bocinazo típico, que nos revuelve y nos vuelve expectantes y nerviosos. Ya se ve tierra. Es pequeña y como comprobaremos, muy tranquila y sosegada en esta fecha. Nos hospedamos en la pensión Avra, el  alojamiento mas familiar hasta ahora. Nos recibe Katerina, una señora ya mayor, que nos abre las puertas de su casa literalmente. Es una excelente cocinera, como bien nos mostraría al día siguiente con un desayuno a base de pan, bizcocho, yogur y mermelada caseros.
Aprovechamos la tarde para recorrer el pueblo de Chora, que como casi todos, se alza en una montaña.

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La misma estampa que hasta ahora: callejuelas y callejones típicos, casas blancas y marcos y puertas azules. Las iglesias y capillas del mismo tipo se extienden en la ladera. Ascendemos hasta la mas alta, desde donde sorprendentemente, y sin esperarlo, admiramos uno de los atardeceres mas bonitos hasta ahora.

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Al día siguiente cogimos el ferry lento hacia Milos sobre las 8 de la mañana. Los hay lentos y rápidos, estando la diferencia no solo en el tiempo, sino considerablemente en el precio. Viajar en ferry no resulta para nada pesado. Tienes cafetería y restaurante, puedes pasear por cubierta o descansar en alguna sala mas tranquila.
Llegamos al puerto, situado en Adamas. Allí nos recoge la dueña de los apartamentos Aggelos ( es muy común que lo hagan a la llegada al puerto). En el alojamiento esta Dimitris, y como si no esperara visita, lo encontramos sierra en mano, al estilo bricomanía.  Ambos no hablan apenas ingles, pero como la sonrisa es internacional, nos comunicamos de esa manera. Comemos una ensalada por el puerto, y tras dar un breve paseo y ver que no había mas que hacer, tomamos un autobús que nos lleva hasta Plaka, pueblo pintoresco a 5 km.

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Cerca se encuentran unas catacumbas cristianas que nos parecen interesantes de ver, pero el conductor nos mal informa de que están cerradas y no se acerca hasta allí. Como bien veremos mas tarde, estaban abiertas. Nunca sabremos si fue pereza de llevarnos hasta allí, pues eramos las únicas que quedábamos en el autobús. Visitamos Plaka, subiendo como no hasta la parte mas alta,

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donde se encuentra el kastro (la zona amurallada) y la iglesia de rigor.

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Relativamente cerca queda la zona de los molinos, en este caso destinados a viviendas u hoteles.
A Plaka le sigue hacia el mar Tripiti, y ladera abajo por caminos de tierra, aparece ante nosotras una señal que indicaba que allí había sido descubierta la Venus de Milo entre olivos (actualmente en el museo de Louvre) por un pastor. Alcanzamos un restaurado anfiteatro romano de marmól,

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y lo siguiente que encontraríamos seria las supuestas catacumbas cerradas, que para nuestra suerte, estaban abiertas y pudimos visitarlas en el ultimo turno de la tarde.
A la mañana siguiente fuimos a una agencia para alquilar vehículo. Preguntamos por un buguie que nos tentó en la puerta pero tenia mucha potencia, y como no somos precisamente experimentadas en buguies, optamos finalmente por el coche. Los quads no le debían de parecer lo suficientemente potentes a la señorita que nos atendió (?¿¿) ya que solo alcazaban los 50-60 km/h (suficiente para esta isla, con carreteras de pendiente pronunciada, estrechas y con curvas).
Recorrimos alguna de las principales playas de la isla, recomendadas por los lugareños. Especialmente las de la zona oeste, no tienen acceso desde tierra, y solo pueden verse desde una excursión en barco.  En otras, llegar resulta algo complicado hacerlo a través de caminos de tierra.

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Al tratarse de una isla volcánica, la orografía resulta caprichosa. Ésta dibuja acantilados que se
presentan desde la altura como singulares miradores hacia alguna de estas playas.
Nos enamoró la de Firiplaka,

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extensa y de arena blanca, con una mezcla de colores impactante en la roca que la abriga.

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Pero sin duda, la de Sarakiniko, formada por roca de un blanco impoluto,

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moldeada por el depósito de lava, te sumerge en un paisaje asombroso y realmente único.

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Tanto Mantrakia,

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como el pueblo de pescadores de Klima, componen dos lugares de postal, característicos por sus syrmatas, cuevas en la roca, actualmente reconvertidas en almacenes de pescadores.

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