Phu Quoc, oasis en Vietnam

Phu Quoc, la isla vietnamita mas grande situada en el golfo de Tailandia, se iba a convertir en nuestro destino de la última semana de viaje. Playas paradisiacas de arena blanca y mar tranquila, … Eso promocionaban..  Y nada mas lejos de la realidad.. Nos sirvió para un merecido descanso, principalmente por el resort en que nos alojábamos, pero fue una pena que una isla tan preciada en este país se encontrara en tal estado de suciedad.

Desde Can Tho debíamos dirigirnos hacia el puerto de Rach Gia en autobus para tomar su ferry. Confiadas de que no habría problema con el billete, esperamos hasta el mismo día de salida (como veníamos haciendo habitualmente) para comprarlo. Cual fue nuestra sorpresa (merecida) cuando nos informaron de que no quedaban. El tiempo pasado aquí ha mejorado nuestra capacidad de  improvisación, por lo que en breves minutos cambiamos todos nuestros planes y tomamos un autobús en direccion contraria que tenía prevista su salida en 3 minutos (!!!) en sentido de nuevo a Ho Chi Minh y de camino compraríamos el billete de avión para despegar ese mismo día hacia Phu Quoc.

En una horita estaríamos en la isla. Nuestro complejo se hallaba en playa Larga, zona donde casi todos los resorts tenían su porción de playita.
Por la noche nos dirigimos hacia la principal atracción de Duong Dong, su mercado nocturno, muy concurrido y animado, donde mostraban pescado y marisco fresco que posteriormente te cocinaban en brasas.

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El día siguiente lo dedicamos a paseos y baños en Playa Larga, de aguas tranquilas, limpias y poco profundas.

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Ya el tercer día abandonamos nuestro oasis dispuestas a explorar la zona sur de la isla en motocicleta. No había demasiado por conocer pero una vez allí no queríamos perdérnoslo.
A pocos km de Duong Dong se encontraba la pagoda Su Muon,  situada imperiosa en lo alto de una montaña.

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Tras una larga búsqueda de las cascadas, desestimamos la idea al encontrarnos una vez mas con la odiada caseta “ticket” q suele venir con el consiguiente “no merecia la pena”, así que continuamos hacia el pueblo pesquero de Ham Ninh, carretera larga en dirección hacia un puertito pesquero con varios restaurantes en los que servían marisco y pescado.

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Se nos hacia tarde, así que tras un tentempié, nos pusimos rumbo hacia Sao Beach.

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Aquí se supone que hay una playa paradisíaca, y existe, pero está taaan sucia que poco se parece a la idea de paraíso. Sin embargo hay que reconocer que potencial, tiene. El acceso es un camino embarrado de 2-3 km donde es fácil dejar la rueda de la moto…como casi todos los accesos aquí.
Continuamos hacia el sur, llegando en escasos km a la caótica An Thoi, donde tuvimos que demostrar nuestras habilidades con la motocicleta entre calles polvorientas llenas de vehículos y puestos callejeros. Su pagoda apareció ante nosotras, convirtiéndose por unos minutos como un remanso de paz y calma entre semejante ajetreo.

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El pueblo en sí presentaba un aspecto lamentable, sucio y destartalado, tremendamente pobre y con basura y zanjas por todas partes.
La noche se nos venia encima, así que nos pusimos en camino. La isla es atravesada por tan sólo una carretera asfaltada, siendo las demás pistas de tierra. Para darle un poco mas de emoción al asunto decidimos “atajar” por una de ellas, aunque regresando varios km después por donde habíamos  ido debido al mal estado del terreno que la hacía intransitable.

Al día siguiente nos apuntamos a una de las múltiples excursiones de pesca tradicional y snorkel que ofertaban en la isla. Elegimos la zona norte para disfrutar de un buceo placentero en las islas Tortuga y Uña.

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Tras varios intentos sin éxito de pescar algo desde el barco, procedimos a sumergirnos en sus cálidas aguas para observar de cerca la fauna y flora marina, nadando entre peces de colores y pudiendo admirar la barrera de coral que, aunque expoliada por los locales, ya esta recuperándose un poco y tiene una belleza increíble.

Phu Quoc fue una isla donde por unos dias se paró el tiempo y supuso un descanso después de tres semanas llenas de kilómetros, decisiones y cambios de ultima hora. Eso sí, tener un buen hotel aquí donde aislarse del caos sería fundamental.

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